martes, 10 de septiembre de 2013

El efecto del efecto




Desde su aparición, la mayor parte de las películas que proveen, mediante el uso de grandilocuentes efectos especiales, imágenes espectaculares, apocalípticas o fantásticas han recibido un injusto maltrato de parte de una gran porción del público. De igual manera que cualquier comedia romántica en la actúe Meg Ryan, pasa rápidamente a ser considerada una película de baja calidad, películas como Titanic, Jurassic Park o El día después de mañana, cuyo funcionamiento depende en gran medida de los efectos especiales, sufren la misma suerte.
Pueden detectarse en estos juicios de valor, por lo menos, dos inconvenientes. Primero, una herramienta cinematográfica como el efecto especial es dotada de un valor per se, sin tener en cuenta el uso que se le de en cada film. Segundo, se califica al efecto que genera en el público dichas imágenes como carente de alcurnia artística.

La primera cuestión peca de acriticismo. Una concepción como esta descansa sobre la posibilidad de existencia y veracidad de una teoría estética que determinara el valor absoluto y la función de cada elemento artístico. De esta manera, el arte estaría sentenciado desde sus comienzos a repetirse eternamente dentro de un marco de posibilidades restringido.

La segunda cuestión critica un
uso de la imagen cinematográfica como medio de atracción y sometimiento de una percepción ingenua y dócil, por considerarlo pomposo y superficial. Lejos de resultar esto un inconveniente, dicha utilización pareciera presentarse como uno de los pocos escapes a un tipo de cine que, lentamente, ha logrado acaparar la mayor parte de la producción de la pantalla grande. Comedias románticas y dramas psicológicos, entre otros géneros, han conformado un modelo artístico en el cual las herramientas cinematográficas no son indispensables sino solo un soporte con el cual el contenido de la historia debe lidiar para salir a la luz. Un cine en el cual la posición de la cámara no incide en el desarrollo de la historia. Un cine que se convierte en accesorio o adorno de un guión.

A diferencia de esto, las imágenes espectaculares de películas como
El señor de los anillos o Star Wars trabajan, esencialmente, a partir del valor expresivo del plano. Sea cual sea su pretensión comercial, por medio de la composición del cuadro, sus imágenes se esfuerzan, casi exclusivamente, por crear un universo ficcional y dotarlo de una densidad espacio-temporal precisa y determinante. Así, la presencia de un maremoto o de un dinosaurio en la pantalla ya no necesita de una historia que significar, son las características del plano las significan y emocionan.

Es cierto que los efectos especiales pueden resultar peligrosos, dignos de ser manejados con cuidado, pero a la hora de evaluar su efectividad o productividad cinematográfica, deberían ser dejados a un lado los factores comerciales que determinaron su aparición.
De igual manera que tampoco seria justo decir que todo film fantástico o de ciencia ficción, será valioso por su carácter fascinante.

Lo que si vale la pena remarcar es que esas imágenes, perdidas dentro de historias familiares en la cual el padre de familia salvará siempre al mundo de un final apocalíptico, esos instantes de imagen pura, resultan un aliciente para un publico que en el afán de interpretar se olvido de dejarse deslumbrar por el tren que llega a la cuidad.
 

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