martes, 10 de septiembre de 2013

Seinfeld, un oasis en el desierto




Mucho se ha hablado sobre el comediante norteamericano Jerry Seinfeld. Se lo ha clasificado de artista de vanguardia, se ha dicho que su serie televisiva ha intentado romper con el formato clásico de las sitcom televisivas y hasta se lo ha clasificado de artista posmoderno. Realmente, poco importa si Jerry Seinfeld ha intentado ser o hacer alguna o todas esas cosas, lo que si resulta interesante es analizar como funciona, la serie televisiva Seinfeld, a partir de la transposición de ciertas características del stand up comedy, a la vez que se potencian sus posibilidades de representación.
Si hay algo que salta a la vista en el stand up comedy es su carácter oral y reflexivo. Un comediante se para en un escenario, de frente al público, y reflexiona sobre cuestiones de la vida cotidiana. El traspaso de una disciplina como esta al formato de las sitcom se hace complicado por varias cuestiones: 1) las sitcom  trabajan a partir de historias, personajes y situaciones ficcionales, no por medio de un contacto directo con el público, 2) las sitcom trabajan a partir de lo visual, no de lo oral, 3) las sitcom muestran, no reflexionan.
Para lidiar con todo esto, Seinfeld propondrá una serie escindida en dos partes: una, en la cual aparecerá el mismo Jerry Seinfeld en sus actos stand up, y otra, en la cual cuatro personajes recurrentes harán una especie de ejemplificación ficcional de los problemas tratados, oralmente, en el primera parte.
De esta manera, cada una de las partes cumplirá una función primordial en la serie. Por un lado, lo oral y reflexivo se propondrá como el criterio de lectura que organizará y dará sentido al mundo de la ficción, un universo de personajes inverosímiles, con una nula caracterización psicológica y con un contexto social completamente desdibujado, en fin, un universo lleno de lagunas. Y por el otro, el mundo de la ficción permitirá darle un espesor espacio-temporal (mucho mayor que el de esos pequeños intentos de representación mimética que Seinfeld hacia en sus stand up) a ese universo absurdamente racional, construido con palabras.
De esta forma, Seinfeld, a diferencia de series como Rosanne, Cosby y Everybody loves Raymond (también realizadas por gente proveniente del stand up) mantiene la importancia de lo reflexivo sin diluirlo en los diálogos de los personajes, mientras utiliza el formato televisivo para potenciar el carácter visual de su universo.
Seinfeld no propone ni un choque entre la ficción y la realidad, ni muestra un universo absurdo para permitir la reflexión sobre ciertas características de la realidad cotidiana. Seinfeld simplemente se las arregla para utilizar un motor cómico proveniente del stand up comedy en un formato esencialmente visual, sin perder nada en el camino.
Es por todo esto que, si bien en un principio las palabras “vanguardista” y “deconstructor” parecieran quedarle bien a Jerry Seinfeld, en un análisis más profundo, se revelan exageradas y hasta equivocas. Jerry Seinfeld es solo un tipo inteligente, una persona que ha sabido observar el modo de funcionamiento de las sitcom, no para criticarlo sino para no dejarse atrapar en el.

Una persona que ha sabido transitar por una serie de formatos y de lenguajes, dejando su huella personal y manteniéndose fiel a un estilo propio.

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