La aparición de un formato de video digital como el DVD, introdujo en el mundo del cine una serie de cambios de importancia dispar: mejoras en la calidad visual y sonora de los films, entrevistas a las personas que participaron en la producción, fuera de cámaras, trailers, sinopsis e inclusive, en algunos casos y por si la película no hubiera sido diversión suficiente, juegos. Estas son algunas de las propuestas que pretenden, al parecer, hacer más interesante la idea de alejarse del cine y de ver películas en casa.
Sin embargo, en medio de esta serie de intentos comerciales por hacer al cine más interesante o más lucrativo de lo que ya es, se ha colado un personaje inclasificable o por lo menos desconcertante. Ya sea una casualidad comercial, una paradoja de la industria o el enviado de una justicia poética, la exhibición de escenas que fueron dejadas fuera del corte final del film junto a una explicación de algún encargado de la producción acerca de los motivos de este deshecho, se muestra como una especie de contradicción de los históricos postulados del cine clásico de Hollywood.
A grandes rasgos, para este cine, y para la inmensa mayoría de las películas de la actualidad, un film debe narrar una historia de forma tal que las características o las decisiones que motivaron dicha forma narrativa permanezcan ocultas. Ni el encuadre, ni las actuaciones, ni el montaje, ni ningún elemento de la película debe interferir con la fluidez de la acción del film.
De esta manera, una lógica coherente de la acción permite pasar de un plano a otro, de una escena a otra y de una secuencia a otra sin que puedan percibirse dichas transiciones y, por lo tanto, sin que se piense a la película como organizada a partir de un discurso cinematográfico.
Ahora bien, al mostrar escenas que fueron dejadas fuera del corte final se produce en el público un proceso de deconstrucción del film. El espectador ubica dicha escena dentro del continuo sin suturas de la película y de esta forma destruye su carácter orgánico. Por otro lado, al reflexionar sobre las razones que el director tuvo para dejar fuera dicha escena, se estimula un proceso de distanciamiento entre la mirada, antes ingenua, del espectador y el objeto representado. A partir de esto, la elaboración de las escenas y su yuxtaposición se encuentran, manifiestamente, determinadas por decisiones estéticas. El universo del film deja de ser objetivo e idéntico al de la vida cotidiana para presentarse como un constructo cinematográfico que puede ser revisado de manera retrospectiva en estos términos.
Esta anomalía de la industria del cine pareciera demostrar que ningún mecanismo es completamente perfecto por más aceitado que se encuentre y por más lógica natural que pretenda tener como origen. Siempre cabe la posibilidad de pisarse la cola mientras se avanza, sin importar lo que quede en el camino, hacia un progreso ilimitado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario