Desde hace aproximadamente diez años ha aparecido en la industria cinematográfica argentina lo que ha sido denominado como “Nuevo cine argentino”. Ya sea por incomprensión, por interés comercial o por un intento de potenciar las posibilidades de estos filmes, se ha establecido una homogenización de una serie de películas que no solo diferían en formatos sino también en posturas estéticas, sociales y políticas.
Sin embargo, entre los años 2002 y 2003 se observa la realización de cuatro películas argentinas que comparten no solo una serie de características formales sino también, y principalmente, un mismo formato de filmación: el video digital.
La televisión y yo de Andrés di Tella, Por la vuelta de Cristian Pauls, Yo no se que me han hecho tus ojos de Sergio Wolf y Lorena Muñoz y Los rubios de Albertina Carri son filmes que aparentan ser algo que no son.
Lo que en un principio se propone como un simple documental sobre el tango, la televisión o la dictadura militar, de repente se convierte en un documental sobre una búsqueda personal, la de su director. Así, dentro de estos cuatro filmes, el objeto y el sujeto de la investigación se debaten el protagonismo, relativizando no solo la concepción del documental clásico sino también una idea de cine como producto o fin estético.
Es decir que estos cineastas no solo esbozan una crítica al formato documental sino que, esencialmente, proponen un nuevo tipo de cine, un cine en el cual el discurso cinematográfico depende de una investigación personal real y viceversa.
Sus películas se encuentran dotadas de una subjetividad, de una fuerza personal que modela su objeto, mientras que a su vez el sujeto se va moldeando a partir de la realización del film, hecho que postularía la existencia de un cine como herramienta, como medio, como objeto.
Ahora bien, al investigar los procesos productivos cinematográficos argentinos, puede observarse que esta industria se encuentra altamente condicionada. En un ámbito como este la imposibilidad de llevar a cabo producciones que no satisfagan las necesidades de los productores o de los dueños de cadenas de cines, no solo impedirán rodajes sino también la ideación de proyectos.
La relación entre estos condicionamientos y los filmes en cuestión es simple, la realización de filmes de ensayo sobre el genero documental y que casi en su totalidad no funcionan estrictamente como una finalidad estética, sino como un medio de búsqueda identitaria de un autor, se presentan como muy poco rentables para los fines del capitalismo cinematográfico. Es por eso que para llevar a cabo un proyecto de estas características, el uso de los medios clásicos de filmación se hace imposible para la autofinanciación o para la financiación de pequeñas empresas, solo la aparición del video digital, ultimo gran avance tecnológico de la industria cinematográfica permitirá la realización de estas reflexiones criticas.
Nuevamente, sin quererlo ni sufrirlo, el capitalismo vuelve a pisarse la cola.
No hay comentarios:
Publicar un comentario